Cada 2 de febrero, la Iglesia celebra la Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo y la Purificación de la Virgen María, conocida popularmente como la Fiesta de la Candelaria o de las Candelas.
Esta solemnidad, que cierra el ciclo navideño, es una profunda invitación a contemplar a Jesús como la Luz que ilumina a las naciones y a María como la primera que llevó esa Luz al mundo. A lo largo de los siglos, la piedad popular ha tejido hermosas tradiciones que unen fe, familia y cultura, convirtiendo este día en una celebración luminosa de esperanza y gratitud.
La bendición y procesión de las velas en la Candelaria
La tradición más antigua y universal de la Candelaria es la bendición de las velas en la iglesia. Los fieles llevan cirios o candelas que son bendecidos durante la liturgia, simbolizando a Cristo como «luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2,32).
Estas velas benditas se llevan a casa y se usan durante el año en momentos de oración, enfermedad, tormenta o necesidad espiritual, como protección y signo de la presencia de Dios.
En muchos lugares, la bendición se acompaña de una procesión con velas encendidas que recorre el templo o las calles, recordando cómo Simeón y Ana reconocieron al Mesías en brazos de María.

Vestir y presentar al Niño Dios en la Fiesta de la Candelaria
En México y otros países de América Latina, una costumbre entrañable es vestir al Niño Dios con ropas nuevas y llevarlo a la iglesia para que sea bendecido.
Muchas familias conservan imágenes del Niño Jesús de sus nacimientos navideños y, el 2 de febrero, lo visten con trajes especiales (de pastor, rey, peregrino…) como signo de amor y presentación ante Dios, recordando el gesto de María y José en el Templo.
Esta tradición, llena de ternura, enseña a los niños que Jesús quiere ser acogido en cada hogar como Rey y Salvador.
Tamales y atole: la fiesta compartida
En México y Guatemala, quien encontró el «niño» oculto en la rosca de Reyes el 6 de enero tiene el compromiso de ofrecer una fiesta el 2 de febrero.
La mesa se llena de tamales y atole caliente, alimentos que recuerdan la abundancia de la gracia y la unión familiar.
Esta costumbre, con raíces prehispánicas ligadas al inicio del ciclo agrícola, se cristianizó y hoy es un momento de alegría y caridad, donde se invita a familiares y amigos a compartir la mesa en honor al Niño Jesús.Cómo preparar tamales sencillos en casa (versión básica de tamales verdes)
Para 20-25 tamales:
- 1 kg de masa de maíz nixtamalizada (o harina de maíz para tamales).
- 500 g de carne de cerdo o pollo cocida y deshebrada.
- 500 g de salsa verde (tomate verde, chile serrano, cebolla, ajo y cilantro, licuados y cocidos).
- 300 g de manteca de cerdo (o aceite vegetal).
- Hojas de maíz secas (remojadas en agua caliente hasta que se ablanden).
- Sal al gusto.
Procedimiento:
- Bate la manteca con sal hasta que esté esponjosa.
- Incorpora poco a poco la masa y mezcla hasta obtener una consistencia suave y manejable.
- En cada hoja de maíz, extiende una capa delgada de masa (como una tortilla gruesa).
- Coloca en el centro una cucharada de carne con salsa verde.
- Envuelve la hoja formando un paquetito rectangular y amarra con tiras de hoja.
- Cocina al vapor en una olla con rejilla durante 1 hora y 15 minutos.
- Deja reposar 10 minutos antes de abrir. Sirve caliente con atole de canela o chocolate.

Procesiones y danzas en honor a la Virgen de la Candelaria
En numerosos lugares de América Latina y España, la fiesta está profundamente unida a la advocación mariana de la Virgen de la Candelaria.
En Puno (Perú), declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, miles de fieles participan en coloridas procesiones acompañadas de danzas folclóricas (diabladas, morenadas, waca wacas…), música y trajes típicos.
La imagen de la Virgen recorre las calles mientras el pueblo canta y baila en su honor.
En las Islas Canarias (España), se realizan procesiones solemnes y ofrendas florales a la patrona.
En Bolivia, Colombia, Argentina y otros países, la Virgen de la Candelaria es llevada en andas con gran fervor, mezclando devoción católica con elementos culturales locales.
Significado profundo de estas tradiciones de la fiesta de la Candelaria
Todas estas costumbres brotan de la misma raíz: la luz de Cristo que María presentó al mundo.
Las velas benditas nos recuerdan que Jesús es la Luz verdadera que vence las tinieblas; vestir al Niño Dios y compartir la mesa nos habla de la acogida amorosa del Salvador en nuestras vidas; las procesiones y danzas son un grito gozoso de que Cristo reina y María, su Madre, nos acompaña en el camino.
Estas tradiciones, llenas de color, música y sabor, fortalecen la fe y unen generaciones en la esperanza de la venida definitiva del Señor.
Sugerencia espiritual para el hogar
Prepara en familia un pequeño altar con una imagen de la Virgen con el Niño, velas benditas y flores.
El 2 de febrero, enciende las velas mientras lees Lc 2,22-40 y rezas juntos: «Señor Jesús, luz del mundo, que María te presentó en el Templo, ilumina nuestros corazones y haznos testigos de tu luz».
Comparte una comida sencilla (tamales caseros o cualquier alimento de la tierra) y ofrece la jornada por las almas del Purgatorio y por quienes aún no conocen la luz de Cristo.
La Fiesta de la Candelaria es una hermosa invitación a llevar la luz de Jesús a cada rincón de nuestra vida y para fortalecer nuestra espiritualidad.
Que la Virgen, que llevó en sus brazos la Luz eterna, nos enseñe a esperar con fe, a vivir con alegría y a compartir con generosidad el tesoro que hemos recibido.
¡Que brille siempre en nuestros hogares la luz de Cristo!








