El primer domingo de Adviento (30 de noviembre de 2025) marca el comienzo del nuevo Año Litúrgico.
Este año caminaremos con el Evangelio según san Mateo (Ciclo A), que nos presentará a Jesús como el Mesías-Emmanuel, «Dios-con-nosotros».
Este tiempo fuerte no es solo «preparar la Navidad»; es mucho más: es el tiempo privilegiado para reavivar la esperanza cristiana, para recordar que Cristo ya vino en la humildad de Belén, viene cada día en la Eucaristía y la Palabra, y vendrá glorioso al final de los tiempos.
Como dice el Catecismo: «Cuando la Iglesia celebra el Adviento cada año, actualiza esta espera del Mesías (CIC 524).
Adviento: Tiempo de Espera Activa y Gozosa
«¡Oh, si rasgases los cielos y bajases!» (Is 63,19). Este grito del profeta resume el alma del Adviento. San Bernardo de Claraval, en sus famosas homilías de Adviento, explica que Cristo viene de tres maneras:«Tenemos que celebrar tres venidas del Señor. […] En la primera vino en carne y debilidad; en la segunda viene en espíritu y poder; en la tercera vendrá en gloria y majestad. […] La venida intermedia es el camino por el que se pasa de la primera a la última»(San Bernardo, Sermón 5 sobre el Adviento).
Por eso el Adviento no es nostalgia, una espera activa de Aquel que ya está y que ya viene y que vendrá definitivamente.
San Juan Pablo II decía: «El Adviento es el tiempo de la esperanza. Toda la Iglesia se pone en camino hacia el encuentro definitivo con el Señor. […] ¡Ven, Señor Jesús! (Ap 22,20) es el grito de la Esposa y del Espíritu».
Enseñanzas de los Santos: Lecciones de Deseo y Conversión
San Carlos de Foucauld, el hermano universal que vivió sus últimos años en pleno desierto de Adviento, escribió en una de sus meditaciones:«¡Qué felicidad pensar que Jesús viene! Viene a mí en la Eucaristía cada día… y vendrá al fin del mundo para llevarme con Él. Vivo en Adviento perpetuo, esperando la hora de verlo cara a cara» (Meditación sobre el Evangelio de san Juan, 1903).

Santa Teresa de los Andes, joven carmelita chilena fallecida a los 19 años, decía en una carta:«El Adviento es el tiempo más hermoso del año porque el alma se acerca. Yo lo espero como la cierva busca las corrientes de agua. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo»(Carta 77).
Y san Agustín, en uno de sus sermones más encendidos:«Despierta, hombre: para ti se hizo Dios hombre. Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo (Ef 5,14). ¡Para ti, repito, se hizo Dios hombre!» (Sermón 185).
Adviento Práctico: Cuatro Semanas para Cambiar el Corazón
1.ª semana – Vigilia: Encender la primera vela y pedir el don del deseo santo.
2.ª semana – Conversión: Confesión sacramental y un propósito concreto de caridad.
3.ª semana – Alegría (Gaudete): Visitar a un enfermo o solitario o reconciliarse con alguien.
4.ª semana – María: Rezar la novena a Nuestra Señora de la Dulce Espera (16-24 diciembre) con la Letanía de la humildad.San Alfonso María de Ligorio recomendaba:«Quien reza la novena de Navidad con devoción, obtiene grandes gracias para sí y para los suyos».
Adviento en Familia: La Corona que Ilumina la Casa
San Juan Pablo II, en su carta a las familias (1994), insistía:«Que la corona de Adviento ocupe un lugar de honor en los hogares cristianos. Cada vela encendida sea una profesión de fe: ¡Cristo es la Luz del mundo!».

Que este Adviento 2025 – Ciclo A sea un fortalezca nuestra espiritualidad. Que cada «¡Maranathá! ¡Ven, Señor Jesús!» que pronunciemos en la Misa resuene en lo más hondo del alma.
Como decía el San Carlos de Foucauld en su última Navidad antes de morir mártir:«Mi Adviento no terminará nunca… porque mi vida entera es esperar a Jesús».








