León XIV en la continuidad de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

Fe, esperanza y justicia temas clave en esta última semana, por parte del Papa León XIV que, sin perder su estilo contemplativo y pastoral, profundizó en la vigencia práctica de los principios de la doctrina social de la Iglesia.

Desde la canonización del 18 de octubre hasta la audiencia jubilar del día 25, el pontífice propuso una visión coherente del cristianismo encarnado: una fe que se traduce en esperanza activa y en compromiso transformador frente a los desafíos sociales del presente.

La docta ignorancia como camino social

En su audiencia jubilar del 25 de octubre, bajo el lema “Esperar no es saber”, León XIV introdujo una de las metáforas intelectuales más sugerentes de su pontificado: la referencia a Nicolás de Cusa y su doctrina de la docta ignorantia .

Recordó que el cardenal alemán “sabía que no sabía” y, precisamente por eso, era capaz de comprender la realidad con humildad y apertura.

Este motivo —la aceptación de los límites de la razón como punto de partida para el encuentro con Dios y con el otro— se inserta plenamente en la antropología cristiana que sustenta las grandes encíclicas sociales, desde Rerum Novarum hasta Laudato Si’ .

Si León XIII abría aquella primera encíclica con la preocupación por las “cosas nuevas” que la modernidad imponía, León XIV parece retomar el mismo impulso en clave epistemológica: reconocer que la humanidad contemporánea no posee todas las respuestas, pero tiene una dirección segura en Cristo.

Esta actitud de apertura, lejos de ser pasividad, configura el verdadero dinamismo de la esperanza: la disposición a caminar “paso a paso”, como dijo el Papa, en medio de los contrastes históricos.

Una Iglesia que acompaña al mundo

León XIV desarrolló una eclesiología profundamente sinodal durante esta semana.

León XIV en la continuidad de la doctrina social de la Iglesia

En su catequesis, señaló que la Iglesia “se hace experta en humanidad si camina con la humanidad y se hace eco de sus preguntas en su corazón”.

La frase no es accidental: evoca directamente el espíritu del Gaudium et Spes conciliar, cuya primera línea —“las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”— resuena en toda su enseñanza.

Como en aquella constitución pastoral, León XIV concibe la Iglesia no como poseedora solitaria de la verdad, sino como compañera de camino de la humanidad.

Ese planteo resitúa la doctrina social: no se construye desde los manuales, sino desde la escucha.

La docta ignorancia se convierte así en categoría política y pastoral. De ella brota una praxis eclesial que no teme dialogar con el mundo ntemporáneo, aun cuando sus preguntas resultan incómodas.

De allí su mención directa a “los jóvenes, los pobres, las mujeres y quienes son silenciados”, a quienes reconocen como fuentes legítimas de sabiduría teológica y social.

El mensaje implícito retoma lo afirmado por san Juan XXIII en Pacem in Terris : la verdad social no se impone, se descubre en la dignidad de cada persona y en la conciencia moral colectiva.

Los derechos sagrados en la historia

El discurso de León XIV al V Encuentro Mundial de Movimientos Populares, el 23 de octubre, amplió este horizonte con un tono más profético.

Allí definió los “derechos a tierra, techo y trabajo” como “sagrados” y llamó a defensores como expresiones concretas de la esperanza cristiana.

Esa tríada recapitula la herencia social del magisterio posconciliar: la 
Populorum Progressio de Pablo VI y la Laborem Exercens de Juan Pablo II encuentran eco en su afirmación de que la economía debe estar al servicio del bien común y no al revés.

El Papa advierte que, en una era de desigualdades radicales, la fe sin compromiso social se vuelve un discurso vacío.

En continuidad con su exhortación Dilexi Te sobre el amor a los pobres, León XIV presenta esta “sacralidad de los derechos” como una consecuencia directa del amor cristiano: quien ama al prójimo no puede permanecer indiferente ante estructuras que generan exclusión.

Así, su magisterio reciente articula la espiritualidad de la ignorancia sabia con la política del cuidado: no se trata de saberlo todo, sino de estar dispuesto a aprender sirviendo.

León XIV presenta a la esperanza como virtud política

En la conclusión de su catequesis del 25 de octubre, el Papa sostuvo que “aún no tenemos las respuestas a todas las preguntas, pero tenemos a Jesús. Seguimos a Jesús.

Y así esperamos lo que aún no vemos”. Aquí la esperanza aparece redefinida como virtud política y social.

La encíclica Spe Salvi de Benedicto XVI proporciona el trasfondo teológico: la esperanza cristiana no se proyecta fuera de la historia, sino que actúa en ella, impulsando procesos de transformación.

León XIV, consciente de las polarizaciones globales, propone la esperanza como vía de unidad en lo que denomina “el nuevo mundo del Resucitado”: ​​una humanidad reconciliada que, sin negar la tensión de los opuestos, busca su síntesis en Cristo.

El influjo de pensadores cristianos como Jacques Maritain y Henri de Lubac puede rastrearse en esta concepción: la fe ilumina la convivencia civil cuando inspira estructuras de justicia y participación.

Así, el actual Papa no rehúye el horizonte político, sino que lo asume desde la teología de la comunión.

Frente al nihilismo práctico de la época, invita a pasar de la “ignorancia docta” a la “esperanza operante”: una que construye historia con paciencia y fraternidad.

León XIV en Continuidad orgánica del magisterio

Los pronunciamientos de León XIV entre el 18 y el 25 de octubre evidencian una continuidad profunda con la tradición de la doctrina social de la Iglesia.

La reflexión epistemológica del Papa se enlaza con Rerum Novarum (1891): tanto León XIII como León XIV miran las “cosas nuevas” no como amenazas, sino como ocasiones de discernimiento.

Esta opción por los pobres prolonga la línea de Centesimus Annus y Fratelli Tutti : una fraternidad que supera ideologías porque nace del amor teológico.

Conclusión

León XIV inscribe su magisterio dentro del arco de una “teología de la esperanza social”.

No ofrece fórmulas, sino caminos. No proponemos certezas rígidas, sino un modo creyente de habitar la incertidumbre.

Esa es la lección más profunda de su última semana de enseñanzas: que la Iglesia, si quiere seguir siendo signo de salvación, debe aceptar su propia docta ignorancia , abrazar la historia con amor y mantener viva la esperanza que —aun sin saberlo todo— siempre ve más lejos.


Autor: Daniel Mendive, Año 2025

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