La economía del bien común es un concepto que se desprende del mensaje del Papa León XIV (Mensaje a los participantes de la 31ª Conferencia Industrial de Argentina, noviembre de 2025).
El mensaje dado por el Papa, trasciende las fronteras geográficas y el contexto específico de Argentina, para establecer una plataforma universal sobre el rol del empresariado en la construcción de una economía justa, humana y orientada al bien común.
Al igual que la encíclica fundacional Rerum Novarum de León XIII (1891) estableció una base inmutable para la comprensión de las relaciones laborales y la dignidad humana en la era industrial, el llamado de León XIV se erige como una exhortación contemporánea dirigida a los líderes empresariales del mundo entero.
El actual Pontífice no solo reitera los fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), sino que ofrece un modelo práctico de santidad empresarial en la figura del Siervo de Dios Enrique Shaw, demostrando que la fe y la gestión económica ética, son caminos compatibles y mutuamente enriquecedores.
La Universalidad del Llamado a la Economía del Bien Común
El núcleo del mensaje papal es la exigencia de que la actividad económica esté orientada al bien común. Este concepto es inherentemente universal, ya que se refiere al conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas, ya sea como grupos o como individuos, alcanzar su propia plenitud de manera más fácil y completa (GS, 26).
León XIV enfatiza que la persecución del beneficio o la producción por sí mismos resulta estéril o, peor aún, dañina, si no están subordinados a la promoción integral de cada hombre y cada mujer. Esta visión se alinea directamente con el primer principio medular de la DSI: el Principio de la Dignidad de la Persona Humana.
- Principio de la Dignidad de la Persona Humana: El ser humano es el fundamento, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales. Por lo tanto, el trabajo, el capital y el beneficio deben ser instrumentos que sirvan a la persona, y no al revés. La economía no es un fin en sí misma; su único propósito ético es crear las condiciones para que la dignidad humana pueda florecer. La exhortación a no dejar a “nadie atrás” es la manifestación operativa de este principio en la gestión empresarial.
Responsabilidad Social y el Principio de Subsidiariedad
El Papa desafía a los empresarios a ir más allá de la mera maximización de ganancias.
La mención explícita del salario justo como elemento esencial para que las familias puedan alcanzar la propiedad y la dignidad es un poderoso eco de la Rerum Novarum, en la cual el trabajo era considerado el medio primario para el sustento personal y familiar.
- Principio de la Subsidiariedad: Este principio establece que una sociedad de orden superior no debe interferir en la vida interna de una comunidad de orden inferior, privándola de sus competencias. Sin embargo, en un sentido positivo, exige que el Estado y la sociedad asistan a las esferas inferiores cuando estas no pueden alcanzar sus objetivos por sí mismas. En el contexto empresarial global, la subsidiariedad implica que los líderes económicos tienen la responsabilidad directa de resolver problemas sociales (como el salario injusto o la precariedad laboral) dentro de sus propias estructuras, sin esperar a que el Estado imponga soluciones. La transparencia y la capacidad de escucha de las que Shaw fue modelo son herramientas de gestión que operan bajo este principio, empoderando a los empleados y descentralizando la toma de decisiones.
El Modelo de Enrique Shaw: Un Ejemplo de Caridad Empresarial
La elevación de la figura de Enrique Shaw (1921-1962) como arquetipo de empresario santo y ético es, quizás, el aporte más significativo y concreto del mensaje papal a la DSI contemporánea.

Shaw, fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) en Argentina, demostró que la caridad puede y debe penetrar las estructuras industriales y financieras.
- Principio de la Solidaridad: Este principio es la manifestación moral de la interdependencia humana. No es un sentimiento superficial, sino la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno (SRS, 38). La gestión de Shaw, caracterizada por su “empeño para que cada trabajador pudiera sentirse parte de un proyecto compartido,” es la solidaridad aplicada al ámbito corporativo. Al hacer que los trabajadores se sientan copartícipes en el proyecto, Shaw implementó una visión de la empresa como una comunidad de personas, donde los objetivos financieros se entrelazan con la realización personal y profesional de cada miembro. Esto se opone a una visión puramente contractual o instrumental del trabajo.
Conclusión: Hacia una Economía del Bien Común Global
El llamado del Papa León XIV a promover una industria innovadora, competitiva y, sobre todo, humana es una síntesis de la DSI para el siglo XXI. La innovación y la competitividad son necesarias en la economía global , pero deben estar templadas por la ética y la primacía de la persona.
El mensaje funciona como un mapa de ruta para los empresarios de todo el mundo, recordándoles que su vocación no es solo la generación de riqueza, sino el servicio transformador de la sociedad.
El ejemplo de Enrique Shaw nos enseña que el camino hacia la santidad empresarial implica una gestión marcada por la justicia distributiva (garantizar el salario justo y la participación) y la solidaridad activa (integrar a los trabajadores en el proyecto común).
La DSI, por lo tanto, se presenta no como un conjunto de restricciones, sino como el fundamento ético necesario para alcanzar una prosperidad sostenible y verdaderamente humana en la arena económica global.
Autor: Daniel Mendive, Año 2025
CC BY-NC (Reconocimiento-NoComercial): Se permite la distribución, modificación y uso no comercial de esta obra, siempre y cuando se dé crédito al autor








