La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) ofrece una guía profunda y fundamentada para comprender la actividad política como una vocación noble orientada al servicio del bien común.
A través de documentos magisteriales, como encíclicas y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (publicado en 2004 por el Pontificio Consejo Justicia y Paz), la Iglesia proporciona principios éticos y prácticos para que los cristianos, especialmente los laicos, participen en la política de manera responsable y transformadora.
Este artículo explora qué dice la DSI sobre la actividad política, destacando su relevancia en el mundo actual y su llamado a la acción coherente con los valores evangélicos.
La actividad política como servicio al bien común
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia define el bien común como “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (n. 164).

Este principio, central en la DSI, establece que la política no debe ser un medio para el poder personal o los intereses partidistas, sino una herramienta para promover la dignidad humana, la justicia y la paz.
En Gaudium et Spes (1965), promulgada por Pablo VI durante el Concilio Vaticano II, se subraya que la actividad política debe buscar “el bienestar de toda la comunidad” (n. 74), integrando a todos los sectores de la sociedad, especialmente a los más vulnerables.
La encíclica Centesimus Annus (1991) de Juan Pablo II refuerza esta idea al afirmar que “la finalidad de la vida política es siempre el bien común, entendido no como una mera suma de intereses individuales, sino como la promoción de una convivencia ordenada y pacífica” (n. 25).
Esto implica que los políticos y ciudadanos deben actuar con una visión ética, priorizando la solidaridad y el respeto por la persona humana por encima de ideologías o agendas particulares.
El papel de los laicos en la política
La DSI enfatiza que los laicos tienen una responsabilidad particular en la actividad política.
En la exhortación apostólica Christifideles Laici (1988), Juan Pablo II destaca que “los fieles laicos no pueden absolutamente renunciar a la participación en la política, es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover orgánicamente y con instituciones el bien común” (n. 42).
Este llamado no se limita a votar, sino que abarca un compromiso activo en transformar las estructuras sociales conforme a los principios del Evangelio.
El Compendio refuerza esta idea al señalar que “la participación en la vida política es una exigencia de la justicia y una expresión de la caridad” (n. 565).
Los laicos, como ciudadanos y cristianos, están llamados a ser “sal y luz” en el ámbito político, promoviendo leyes y políticas que respeten la dignidad humana, desde la concepción hasta la muerte natural, y que combatan las desigualdades sociales.
Principios éticos para la actividad política
La DSI establece que la actividad política debe regirse por principios éticos fundamentales: verdad, justicia, libertad y caridad.
En Caritas in Veritate (2009), Benedicto XVI subraya que “sin la verdad, la actividad política se degrada a mero pragmatismo” (n. 4).
Esto implica rechazar la corrupción, el relativismo moral y cualquier forma de manipulación que anteponga intereses particulares al bien común.
La encíclica también destaca la necesidad de un “desarrollo humano integral” que combine el progreso material con el espiritual, asegurando que las políticas económicas y sociales no dejen de lado a los más pobres.
Por su parte, Fratelli Tutti (2020) de Francisco aborda la política desde la perspectiva de la fraternidad y la amistad social, criticando “el populismo irresponsable” y “el individualismo indiferente” que fragmentan las sociedades (n. 159).
Francisco aboga por una “política mejor”, centrada en el servicio, la inclusión y el diálogo, que enfrente desafíos globales como la migración, la pobreza y la crisis ecológica.
Subsidiaridad y solidaridad en la política
Dos principios clave de la DSI, la subsidiariedad y la solidaridad, son esenciales para la actividad política.
La subsidiariedad, definida en Quadragesimo Anno (1931) de Pío XI, establece que “no es lícito quitar a los individuos y transferir a la comunidad lo que ellos pueden realizar por su propia iniciativa” (n. 79).
Esto significa que las decisiones políticas deben respetar la autonomía de las comunidades locales y las personas, interviniendo solo cuando sea necesario para apoyarlas.La solidaridad, por otro lado, implica un compromiso con el bien de todos, especialmente de los marginados.
En Sollicitudo Rei Socialis (1987), Juan Pablo II destaca que “la solidaridad es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común” (n. 38).
En el contexto político, esto se traduce en políticas que promuevan la justicia distributiva, el acceso equitativo a los recursos y la protección del medio ambiente, como enfatiza Francisco en Laudato Si’ (2015).
Un llamado a la acción frente a la indiferencia
La DSI no solo ofrece principios, sino que también urge a los cristianos a actuar frente a las injusticias.
En la carta apostólica Octogesima Adveniens (1971), Pablo VI advierte contra la indiferencia y llama a las comunidades cristianas a discernir los “signos de los tiempos” para responder a los desafíos específicos de su contexto (n. 4).
Este discernimiento implica analizar las realidades sociales, identificar estructuras de pecado (como la corrupción o la explotación) y trabajar por su transformación.
El Compendio subraya que “la actividad política debe estar impregnada de un espíritu de servicio” (n. 410), lo que requiere coherencia entre la fe y las acciones públicas.
Los políticos cristianos, en particular, deben ser testigos de los valores evangélicos, promoviendo leyes que defiendan la vida, la familia y la justicia social.
Relevancia en el mundo actual
En el contexto actual, marcado por polarizaciones políticas, desigualdades crecientes y desafíos globales como el cambio climático, los principios de la DSI son más relevantes que nunca.
La visión de la política como una forma de caridad, propuesta por la Iglesia, invita a todos los ciudadanos a participar activamente, ya sea a través del voto, la incidencia en políticas públicas o el compromiso comunitario.
Como señala Fratelli Tutti, “la buena política es aquella que protege el trabajo, promueve la cultura del encuentro y busca el desarrollo integral de todos” (n. 276).
Conclusión
La Doctrina Social de la Iglesia presenta la actividad política como una vocación alta, pero exigente, que debe estar al servicio del bien común y la dignidad humana.
Documentos como Gaudium et Spes, Centesimus Annus, Caritas in Veritate y Fratelli Tutti, junto con el Compendio (nn. 164, 410, 565), ofrecen una hoja de ruta para que los cristianos participen en la política con integridad, guiados por la verdad, la justicia y la caridad.
En un mundo que enfrenta crisis complejas, la DSI nos llama a ser protagonistas de una política que humanice, una y transforme.
Fuentes
- Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (2004), nn. 164, 410, 565.
- Gaudium et Spes (1965), n. 74.
- Quadragesimo Anno (1931), n. 79.
- Sollicitudo Rei Socialis (1987), n. 38.
- Centesimus Annus (1991), n. 25.
- Christifideles Laici (1988), n. 42.
- Caritas in Veritate (2009), n. 4.
- Laudato Si’ (2015).
- Fratelli Tutti (2020), nn. 159, 276.
- Octogesima Adveniens (1971), n. 4.
Autor: Daniel Mendive, Año 2025
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