El rol los padrinos y las madrinas es esencial, porque el Bautismo y la Confirmación, sacramentos de iniciación cristiana, no solo unen al creyente a Cristo, sino que también lo integran en una comunidad de fe.
Elegidos para acompañar y guiar, los padrinos son faros de fe, ayudando a los ahijados a vivir como hijos de Dios.
San Juan Pablo II enseñaba: “La fe crece cuando se vive en comunidad, sostenida por el testimonio de otros” (Catechesi Tradendae, 24).
Padrinos y Madrinas de Bautismo: Guardianes de la Nueva Vida
En el Bautismo, los padrinos y las madrinas asumen la responsabilidad de apoyar a los padres en la formación cristiana del ahijado, asegurando que crezca en la fe y la gracia.

Este sacramento, que limpia el pecado original y hace al bautizado hijo de Dios, requiere padrinos que sean católicos practicantes, confirmados y comprometidos con la Iglesia.
Santa Teresa del Niño Jesús decía: “El Bautismo nos hace hijos de Dios, y los padrinos nos ayudan a vivir esa dignidad” (Historia de un Alma, Cap. 1). Los padrinos de Bautismo prometen rezar por su ahijado, enseñarle la fe y guiarlo hacia los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación.
El Papa Francisco nos recuerda: “Ser padrino es una misión, no un título honorífico; es caminar con el ahijado hacia Cristo” (Audiencia General, 8 de enero de 2014).
El padrino y la madrina de Bautismo deben ser un modelo de vida cristiana, asistiendo a Misa, confesándose regularmente y mostrando caridad.
Por ejemplo, acompañar al ahijado a catequesis o regalarle un Rosario puede sembrar semillas de fe que perduren toda la vida.
Padrinos de Confirmación: Testigos del Espíritu
En la Confirmación, los padrinos ayudan al confirmado a vivir plenamente la fuerza del Espíritu Santo, recibido para fortalecer su fe y misión en el mundo.
A menudo, el padrino o la madrina de Confirmación suelen ser diferentes a quienes lo fueron en el Bautismo, pero deben ser igualmente católicos practicante que inspire al joven a ser un discípulo valiente.
San Ambrosio de Milán, quien guió a San Agustín hacia la fe, enseñaba: “El Espíritu Santo nos da valor para ser testigos de Cristo” (Sobre los Sacramentos, 4.2).
El padrino o madrina de Confirmación, acompaña al ahijado en su preparación, lo anima a participar en la vida de la Iglesia y lo guía en la oración y el apostolado.
El Papa Benedicto XVI afirmaba: “La Confirmación nos hace soldados de Cristo, y los padrinos son compañeros en esta misión” (Homilía, 25 de enero de 2006).
Un padrino o madrina de Confirmación podría invitar a su ahijado a un grupo de oración, ayudarlo a discernir su vocación o compartir reflexiones sobre la fe en un mundo secular.
El Rol de los Padrinos Hoy
En una sociedad donde la fe enfrenta desafíos, los padrinos son más necesarios que nunca. No son solo figuras ceremoniales, sino guías espirituales que modelan el Evangelio con su vida.
San Agustín, convertido gracias al acompañamiento de San Ambrosio, decía: “La fe se fortalece cuando se comparte” (Confesiones, 8.12).
Los padrinos y las madrinas deben ser ejemplos de oración, caridad y fidelidad, ayudando a sus ahijados a resistir las tentaciones del mundo y a buscar los sacramentos.
Para ser un padrino y una madrina fiel:
- Oración Constante: Reza por tu ahijado, pidiendo la guía del Espíritu Santo.
- Ejemplo de Vida: Vive la fe con coherencia, asistiendo a Misa y confesándote.
- Acompañamiento: Habla con tu ahijado sobre la fe, comparte recursos como el Catecismo o invita a eventos parroquiales.
- Caridad: Involucra a tu ahijado en obras de misericordia, como visitar a los enfermos.
Un Llamado a la Misión
Ser padrino o madrina de Bautismo o Confirmación es una vocación sagrada que edifica la Iglesia.
Que el ejemplo de Santa Teresa del Niño Jesús y San Ambrosio inspire a los padrinos a guiar a sus ahijados con amor y fe.
El Papa Francisco nos exhorta: “Los padrinos son puentes de fe para las nuevas generaciones” (Mensaje, Jornada Mundial de la Juventud, 2013).