El reciente mensaje cuaresmal y el tuit de León XIV contienen una afirmación que, lejos de ser retórica, encierra una profunda visión histórica y teológica:
“A lo largo de los siglos, el Evangelio ha impregnado las estructuras, los criterios, las formas de actuar y de pensar de las civilizaciones en las que ha penetrado; lo ha hecho no con una revolución violenta, sino con una transformación pacífica, desde dentro, a través de las conciencias y la conversión de los corazones.”
Estas palabras no son una invitación genérica a la bondad individual. Son una interpelación directa al modo en que los cristianos participamos en la vida pública. La fe, si es auténtica, no se limita al ámbito privado. Tiene consecuencias culturales, sociales y estructurales.
La conversión como principio de transformación histórica
La historia confirma la tesis del Papa. El cristianismo no tomó el Imperio Romano por asalto; lo transformó lentamente. Cambió la percepción de la dignidad humana, la concepción del poder, el trato hacia los esclavos, la valoración de la mujer, el cuidado de los enfermos. No lo hizo mediante la espada, sino mediante la conversión de las conciencias.
San Agustín de Hipona, en La ciudad de Dios, explicó que dos amores construyen dos ciudades: el amor de Dios hasta el olvido de sí mismo y el amor desordenado de sí hasta el desprecio de Dios. La estructura de una sociedad depende del orden de sus amores. Cuando el corazón se desordena, también lo hacen las instituciones.
No es casual que León XIV insista, en su mensaje para la Cuaresma de 2026, en la escucha y el ayuno como caminos de conversión interior
Mensaje del Santo Padre León XI…
. La reforma de las estructuras no nace de la ingeniería social, sino de la purificación del deseo y de la apertura a la Palabra.
Evangelio y orden social: el bien común como horizonte
El cristianismo nunca ha sido puramente intimista. Desde los primeros siglos, la fe generó hospitales, redes de caridad, sistemas educativos y una nueva concepción de la justicia.
Santo Tomás de Aquino enseñó que la ley humana solo es verdadera ley cuando está ordenada al bien común y fundamentada en la ley moral. En su Summa Theologiae afirma que una norma injusta no obliga en conciencia porque contradice el orden racional querido por Dios.
Esta enseñanza es crucial para entender el mensaje del Papa. Impregnar las estructuras no significa imponer una confesionalidad forzada, sino orientar las leyes, las políticas y las decisiones económicas hacia el bien común y la dignidad humana.
Las estructuras no son neutras. Reflejan principios morales. Si quienes diseñan sistemas financieros, algoritmos digitales o políticas públicas prescinden de la ley moral natural, las consecuencias sociales serán inevitables.
Tecnología y pobreza: la nueva frontera moral
El mensaje cuaresmal recuerda que “la condición de los pobres representa un grito que interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades y los sistemas políticos y económicos”
Mensaje del Santo Padre León XI…
Hoy ese grito tiene una dimensión inédita: la brecha digital.
Vivimos en una era de avances tecnológicos vertiginosos. Sin embargo, millones quedan excluidos del acceso a la educación tecnológica, a servicios financieros digitales o a la información básica. El progreso técnico no equivale automáticamente a progreso humano.
San Basilio el Grande afirmaba que el pan que guardas pertenece al hambriento. Aplicado a nuestro tiempo, podríamos decir: el conocimiento que monopolizas pertenece al excluido. La tecnología, si no está ordenada por la justicia, amplifica desigualdades en lugar de resolverlas.
León XIV no propone rechazar el progreso, sino humanizarlo. Y esa humanización comienza por la conciencia. Sin conversión moral, la técnica se convierte en instrumento de dominio; con conversión, puede convertirse en herramienta de inclusión.
La austeridad que transforma cultura
El Papa invita también a un ayuno que alcance el lenguaje y el estilo de vida
Mensaje del Santo Padre León XI…
. Esto no es secundario. Las estructuras sociales están sostenidas por discursos, narrativas y hábitos culturales.
San Francisco de Asís comprendió que la reforma de la Iglesia comenzaba por la coherencia personal. Su pobreza no fue una protesta ideológica, sino una fidelidad radical al Evangelio. Sin ocupar cargos políticos ni diseñar sistemas jurídicos, transformó profundamente la cultura cristiana de su tiempo.
De igual modo, el cristiano que vive con sobriedad, justicia y caridad en el mundo empresarial, político o académico está impregnando estructuras desde dentro. No necesita proclamar una revolución: su coherencia es ya fermento.
Pentecostés permanente
La Iglesia no es un museo ni una agencia política. Es el Cuerpo de Cristo actuando en la historia. El Espíritu Santo no conduce por regresión, sino por profundización.
La propuesta de León XIV es exigente. No basta denunciar injusticias ni lamentar decadencias culturales. Es necesario convertirse, escuchar, ayunar, ordenar el corazón. Solo así la fe puede volver a penetrar las estructuras contemporáneas sin violencia y sin imposición.
La transformación pacífica de la que habla el Papa no es pasividad; es fuerza espiritual. Es la misma que, desde el Cenáculo, cambió el mundo.
En esta Cuaresma, la pregunta es personal y social a la vez:
¿estamos permitiendo que el Evangelio impregne nuestras decisiones, nuestras profesiones y nuestras instituciones?
Si la respuesta es afirmativa, la transformación ya ha comenzado.
Autor: Daniel Mendive, Año 2026
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