San Jóse es alguien muy importante en la Historia de la Salvación, porque si bien en el centro del pesebre, bajo la luz de la estrella de Belén, solemos fijar la mirada en el Niño Dios y en su Santísima Madre. Sin embargo, el plan de la Salvación descansa también sobre los hombros de un hombre silencioso, humilde y profundamente enamorado: San José.
El Evangelio de San Mateo (1, 18-25) nos presenta el drama humano y divino de José. Ante el misterio de la concepción de María por obra del Espíritu Santo, José —siendo un hombre justo— toma una decisión que cambiaría la historia, no desde el temor, sino desde un amor puro y una obediencia absoluta a Dios.
La Justicia de San José: Un acto de amor y protección
La Escritura dice que José, “como era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto” (Mt 1, 19). Los Santos han visto en esta “justicia” no un deseo de juzgar, sino una profunda reverencia ante un misterio que lo superaba y un amor infinito hacia María, a quien deseaba proteger de la ley pública.
San Juan Crisóstomo reflexiona sobre este momento de incertidumbre: “José se portó en esto con una caridad admirable… No quiso castigarla, sino que prefirió ocultar el hecho. No solo no la entregó al castigo, sino que ni siquiera quiso denunciarla. José buscaba la manera de proteger la honra de la Virgen.”
El Sueño de San José que transformó el “Temor” en “Aceptación”
La intervención del Ángel en sueños no solo despeja las dudas de José, sino que confirma su vocación como custodio del Redentor. Al despertar, José no dudó: hizo lo que el Ángel le había mandado y recibió a su esposa.

San Agustín destaca la pureza de este vínculo y cómo la aceptación de José valida la sagrada familia:
“José es padre, y lo es con tanta más verdad cuanto su paternidad es más pura. No por la carne, sino por el amor; no por la unión corporal, sino por el vínculo del espíritu. José aceptó a María no solo como esposa, sino como el sagrario vivo de Dios.”
San José siente un amor que trasciende lo humano
Aceptar a María embarazada por el Espíritu Santo requería una fe heroica. José no la aceptó por “compromiso”, sino con un amor de esposo que se pone al servicio de la misión de su mujer. Él amó a María con un corazón casto y totalmente entregado, convirtiéndose en el primer custodio de la Eucaristía antes de que esta existiera como tal.
San Juan Pablo II, en su exhortación Redemptoris Custos, nos enseña:
“Al recibir a María, José se une a Ella en el misterio de la Encarnación. Su aceptación es la obediencia de la fe, análoga a la de María. Él se entrega totalmente a Dios a través del servicio a la Madre y al Hijo.”
Ejemplo para el creyente hoy
La figura de San José nos enseña que el verdadero amor no es posesión, sino custodia y sacrificio. Él no necesitó palabras para demostrar su devoción; su silencio es elocuente porque está lleno de acciones de cuidado.
- Aceptó lo inexplicable: Porque confió en la Palabra de Dios.
- Amó sin condiciones: Viendo en María no solo a su esposa, sino a la elegida de Dios.
- Protegió la Vida: Desde el primer momento en que el Ángel le reveló la verdad.
San Josemaría Escrivá lo resumía con hermosura:
“José amó a María con un corazón de hombre, pero con un amor que era un reflejo del amor de Dios. En su aceptación, vemos el triunfo de la humildad sobre la duda.”
Reflexión final: En esta Navidad, miremos a San José. Pidámosle que nos enseñe a aceptar los planes de Dios con la misma prontitud y amor con que él recibió a María.
Que sepamos, como él, ser custodios de la presencia de Jesús en nuestras vidas y en nuestras familias y eso va a enriquecer nuestra espiritualidad.
¡San José, ruega por nosotros!








