La solemnidad de Cristo Rey del Universo, que se celebra el último domingo del año litúrgico, es una fiesta de esperanza y victoria que nos recuerda que Jesucristo es Señor de la historia, de las naciones y de cada corazón.
Instituida por Pío XI en 1925, esta celebración nos invita a renovar nuestra consagración al Sagrado Corazón y a proclamar con alegría: “¡Viva Cristo Rey!”.
En muchos lugares del mundo católico han nacido tradiciones populares llenas de fe que transforman este día en una manifestación pública del reinado de Cristo.
A continuación, presentamos algunas de las más hermosas y cómo vivirlas en casa, para que cada familia pueda entronizar a Jesús como Rey de su hogar y de su vida.
El Santuario Nacional de Cristo Rey en Almada (Portugal)
Uno de los monumentos más impresionantes dedicados a Cristo Rey se encuentra en Almada, frente a Lisboa.
Erigido como acción de gracias por haber librado a Portugal de la Segunda Guerra Mundial, la estatua de 28 metros, con los brazos abiertos sobre un pedestal de 82 metros, se inauguró en 1959.

Cada año, el domingo de Cristo Rey, miles de portugueses peregrinan hasta el santuario en procesión con velas, banderas y cantos.
Allí renuevan la consagración de Portugal al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, coronan simbólicamente la estatua con flores o luz y rezan el acto de consagración personal y familiar.
Es una manifestación viva de que Cristo reina sobre las naciones y los corazones.
El Cristo Rey del Cubilete (México)
En el centro geográfico de México se alza el monumento más alto del mundo dedicado a Cristo Rey, en el Cerro del Cubilete (Guanajuato).

Cada año, decenas de miles de peregrinos suben a pie, muchos cumpliendo mandas, para gritar con fuerza el histórico “¡Viva Cristo Rey!” que resonó en los Cristeros.
La estatua, con Cristo coronado y los brazos abiertos sobre una esfera terrestre, recuerda que su realeza abarca todo el universo.
La peregrinación culmina con la entronización de imágenes en los hogares y la renovación de la consagración familiar.
Cómo vivir la fiesta de Cristo Rey en casa (paso a paso)
- Prepara un pequeño trono: Elige un lugar destacado de la casa (encima de la chimenea, en la sala o en el comedor). Coloca una imagen o estampa de Cristo Rey, preferiblemente con corona y cetro.
- Haz una corona: Puede ser de flores frescas, papel dorado, cartulina o incluso una corona de adviento reutilizada. Los niños pueden ayudar a decorarla.
- Enciende una vela roja o dorada: Simboliza el fuego del amor al Sagrado Corazón.
- Reúne a la familia: Todos de pie o de rodillas ante la imagen.
- Proclama la Palabra: Lee Apocalipsis 19, 11-16 (“Vi el cielo abierto…”).
- Renueva la consagración: Reza en voz alta esta oración tradicional:«Cristo Jesús, yo te reconozco como Rey del universo. Todo lo que existe fue hecho por ti. Ejercé sobre mí tu pleno derecho. Renuevo mis promesas del bautismo, rechazo a Satanás y me consagro a tu Sagrado Corazón. Te pido que esta casa y cada uno de nosotros seamos totalmente tuyos para siempre. ¡Reina en nosotros, Cristo Rey! Amén.»
- Corona la imagen: El padre o la madre coloca la corona mientras todos cantan “¡Viva Cristo Rey!” tres veces o el himno “Cristo Rey, te aclamamos”.
- Termina con una jaculatoria: “¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!” o “¡Viva Cristo Rey y su Madre la Virgen de Guadalupe!” (según el país).
Significado de estas tradiciones
Estas costumbres no son simples actos externos: son una respuesta gozosa a la encíclica Quas Primas, que nos pide reconocer pública y privadamente la realeza social de Cristo.
Coronar su imagen, gritar “¡Viva Cristo Rey!” y consagrar el hogar es proclamar que Jesús no es solo Salvador, sino Señor de todo: de la familia, del trabajo, de la nación y de la historia.
Sugerencia espiritual
Haz de este día una fiesta anual fija en tu calendario familiar.
Los niños pueden dibujar coronas, preparar banderitas con la inscripción “¡Viva Cristo Rey!” y aprender que ser católico significa vivir bajo el dulce reinado de Jesús.
Al terminar la celebración, compartan una comida sencilla pero festiva (un roscón, un bizcocho o lo que la tradición de cada casa dicte) como signo de alegría por pertenecer al Reino de Cristo.
La solemnidad de Cristo Rey es mucho más que el final del año litúrgico, sino la coronación de todo el año: Jesús es el Alfa y el Omega, el Rey eterno.
Que estas tradiciones nos ayuden a entronizarlo cada día más en nuestros corazones y hogares. ¡Viva Cristo Rey! ¡Que viva y reine por los siglos de los siglos!








