Dorothy Day: La Sierva de Dios que amó a Cristo en los pobres

Dorothy Day nació el 8 de noviembre de 1897 en Brooklyn, Nueva York, en una familia protestante de periodistas.

Desde muy joven, Dorothy Day sintió arder en su corazón una sed de justicia que la llevó a las filas del socialismo, el anarquismo y el periodismo revolucionario.

Manifestaciones por el sufragio femenino, cárceles por defender a los obreros, artículos incendiarios en The Masses: todo parecía indicar que su vida se consumiría en la lucha política.

Sin embargo, el Dios de las sorpresas tenía otros planes. En 1925, mientras vivía en una casita junto al mar en Staten Island con Forster Batterham, el hombre que amaba, Dorothy Day sintió nacer en su alma una presencia que no podía ignorar.

Al dar a luz a su hija Tamar Teresa, experimentó una alegría tan inmensa que solo pudo darle gracias a Alguien más grande. “Sentí que debía agradecer a Dios el milagro de la vida”, escribió años después.

Aquel agradecimiento fue el primer paso de su regreso al Señor.

Una conversión que escandalizó a sus amigos

El 28 de diciembre de 1927, a los 30 años, Dorothy Day recibió el bautismo en la Iglesia Católica. Fue un acto que muchos de sus compañeros de lucha consideraron una traición imperdonable.

Sin embargo, Dorothy lo vivió como la mayor liberación: “Entré en la Iglesia con el corazón lleno de alegría y de paz”.
Dejó atrás la vida bohemia, aceptó la soledad afectiva por amor a Cristo y se entregó por completo a la voluntad de Dios.

Dorothy Day: Encuentro con Peter Maurin y nacimiento del Movimiento

En 1932, tras cubrir la Marcha del Hambre en Washington, Dorothy Day rezó en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción pidiéndole al Señor que le mostrara cómo servir a los pobres sin traicionar su fe recién encontrada.

Al día siguiente, el francés Peter Maurin, un campesino-profeta lleno del Evangelio, llamó a su puerta y juntos fundaron el Movimiento del Trabajador Católico el 1 de mayo de 1933.

Con un periódico que costaba un centavo y la primera casa de hospitalidad en el Lower East Side de Nueva York, comenzaron una obra que hoy cuenta con más de 200 comunidades en todo el mundo.

Su lema era claro:
“Tenemos que hacer que el mundo sea un lugar donde sea más fácil ser bueno” (Peter Maurin, adoptado por Dorothy como programa de vida).

Dorothy Day: Vivir las Bienaventuranzas entre los últimos

Dorothy Day no predicó desde un púlpito: vivió el Evangelio junto a la gente. Sirvió sopa a miles de desempleados durante la Gran Depresión, acogió a alcohólicos, enfermos mentales y vagabundos, y defendió la dignidad de cada persona como imagen de Cristo.

Dorothy Day: La Sierva de Dios que amó a Cristo en los pobres

Dorothy sentía un gran amor por Cristo Eucaristía, que a su vez era inseparable de su amor a Cristo en los pobres.

Cada mañana comenzaba con la Misa y la Comunión; cada día terminaba lavando platos y consolando a quien nadie quería consolar.

Dorothy Day y su pacifismo evangélico

Dorothy Day fue pacifista absoluta, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la mayoría de los católicos estadounidenses apoyaba el esfuerzo bélico.

El periódico perdió suscriptores y las casas de hospitalidad fueron atacadas, pero ella mantuvo firme su “no” a toda violencia. “Nuestra única arma es el amor”, repetía.
Fue arrestada por última vez a los 75 años, en 1973, por manifestarse pacíficamente junto a César Chávez en defensa de los trabajadores agrícolas.

El Camino hacia los altares

El 29 de noviembre de 1980, Dorothy Day entregó su alma al Señor en la misma casa de hospitalidad donde había vivido los últimos años, rodeada de los pobres a los que tanto amó.
En el año 2000, el cardenal John O’Connor abrió oficialmente su causa para que llegue a ser parte del santoral católico.
En 2015, el papa Francisco la presentó ante el Congreso de Estados Unidos como uno de los cuatro grandes americanos, diciendo:
«Su pasión por la justicia social y por los derechos de las personas la llevó a entregar su vida a los demás».

Hoy lleva el título de Sierva de Dios, y la causa avanza con la investigación de un posible milagro.