La figura de Cristo Rey no es solo el centro de una festividad anual, sino la conciencia constante de que Él es el Señor de la historia, de la Iglesia y de cada alma.
La Realeza de Cristo: Una Soberanía de Amor y Servicio
Desde los orígenes, la Iglesia ha confesado a Jesús como Kyrios (Señor), afirmando Su divinidad y Su autoridad suprema. Sin embargo, esta realeza es radicalmente diferente a la de los monarcas de este mundo. Se trata de una soberanía que se ejerce desde la humildad y el amor redentor, manifestada en el trono de la Cruz.
Como lo expresó el sabio San Agustín de Hipona:
“La realeza de Cristo es la realeza de la verdad, no la realeza del poder mundano.”
Su dominio se asienta en valores espirituales. El mismo San Juan Pablo II lo sintetizó magistralmente:
“El Reino de Cristo no es de este mundo, pero está en este mundo. Es un reino de verdad y de vida, un reino de santidad y de gracia, un reino de justicia, de amor y de paz.”
Esta realeza se revela cercana y misericordiosa, invitándonos a la confianza. Santa Teresa de Ávila reflexionaba con intimidad sobre ello:
“¡Oh, qué buen Rey para tener por Señor, el que se sujeta a lo que queremos!”
En esencia, reconocer a Cristo como Rey es aceptar que Su Evangelio debe ser la regla suprema de nuestra vida.
Origen de la Festividad de Cristo Rey
Si la realeza de Cristo es una verdad eterna, ¿por qué fue necesario que la Iglesia la formalizara con una fiesta litúrgica en el siglo XX? La respuesta está en la prudencia pastoral del Papa Pío XI.
El siglo pasado vio el auge de ideologías totalitarias (comunismo, fascismo, nazismo) y un creciente secularismo que buscaba erradicar la influencia de Dios de la vida pública y social. En este contexto de crisis moral y espiritual, donde la humanidad intentaba construir sociedades al margen de cualquier ley divina, Pío XI decidió actuar.

En 1925, con su encíclica Quas Primas, instituyó la Solemnidad de Cristo Rey del Universo. El propósito no era político, sino teológico y didáctico: reafirmar la verdad universal de que Cristo es el Señor de todo lo creado y de la historia humana. El Papa buscaba contrarrestar la tendencia a privatizar la fe y recordar a las naciones que el reconocimiento de la autoridad de Cristo es el camino para alcanzar la justicia y la paz.
El Reinado Constante de Cristo Rey en la Vida Diaria
La conmemoración de Cristo Rey es la culminación del año litúrgico, invitándonos a meditar sobre el destino final de la humanidad y la victoria definitiva de Cristo. Sin embargo, su mensaje debe permear nuestra vida todos los días.
Ser consciente de que Cristo es Rey implica un compromiso existencial y continuo. Supone la obligación de llevar los principios del Evangelio a todos los ámbitos: la familia, el trabajo, las decisiones sociales y las responsabilidades cívicas.
Como nos enseña San Josemaría Escrivá de Balaguer:
“Cristo debe reinar, ante todo, en nuestra alma.”
Para que el Reino de Cristo se establezca plenamente, primero debe reinar en el interior de cada persona para iluminar su espiritualidad. Esta es la tarea de la vida cristiana: despojarnos de toda tiranía interior (el egoísmo, el pecado, el orgullo) para que el Rey de la Verdad y el Amor pueda gobernar sin reservas.
La conciencia de que Cristo Rey está siempre presente nos ofrece la fortaleza para transformar el mundo, haciendo de cada acción un acto de servicio a Su soberanía. Es una invitación perpetua a vivir ya en Su Reino de justicia, amor y paz.
¡Que la conciencia de que Cristo es Rey y Señor de nuestra vida guíe siempre nuestros pasos!








