Enrique Shaw: Siervo de Dios

Enrique Shaw nació el 26 de febrero de 1921 en el emblemático Hotel Ritz de París, un comienzo inusual para un futuro Siervo de Dios argentino.

Hijo de Alejandro E. Shaw Fynn, un abogado y empresario de ascendencia escocesa con influencia en los círculos financieros de Buenos Aires, y de Sara Dolores Rosa Tornquist Altgelt, heredera de la fortuna del banquero Ernesto Tornquist.

Enrique Ernesto Shaw creció en un entorno de privilegio económico y cultural. Su nacimiento en París fue casual: su padre realizaba viajes de negocios por Europa, y allí, en medio del esplendor de la Belle Époque, llegó al mundo este niño destinado a fusionar la fe católica con el mundo laboral.

Apenas dos meses después, la familia regresó a Argentina, estableciéndose en la lujosa residencia de la calle Quintana en el exclusivo barrio de Recoleta, Buenos Aires.

Sin embargo, la infancia de Enrique Shaw estuvo marcada por una tragedia temprana.

En 1925, con solo cuatro años, perdió a su madre por una enfermedad repentina.

Enrique Shaw: Siervo de Dios

Cumpliendo el deseo expreso de Sara, su padre encomendó la educación religiosa del pequeño a un sacerdote de la Congregación de los Sacramentinos.

Esta decisión fue decisiva: desde niño, Enrique Shaw desarrolló una devoción profunda por la Eucaristía y la Virgen María, bases de su futura santidad laical. “La oración era su refugio en la pérdida”, recordaría más tarde un familiar cercano.

Enrique Shaw: Formación Educativa y Vocación Naval

La educación de Enrique Shaw se forjó en instituciones prestigiosas que moldearon su carácter disciplinado y espiritual.

Estudió en el Colegio La Salle de Buenos Aires, donde destacó por su inteligencia y liderazgo.

Como alumno brillante, devoraba libros de historia, literatura y teología, y se involucró activamente en la Congregación Mariana, un grupo juvenil católico que promovía el apostolado entre los laicos.

Estas experiencias tempranas en Enrique Shaw plantaron las semillas de su compromiso con la Acción Católica, que lo definiría como Siervo de Dios.

A los 14 años, en 1936, Enrique Shaw tomó una decisión audaz que sorprendió a su familia: ingresó a la Escuela Naval Militar de Río Santiago, desafiando los planes de su padre de verlo heredar las empresas familiares.

Atraído por el mar como símbolo de aventura y servicio, se convirtió en un cadete ejemplar.

Durante su formación, Enrique Shaw no solo exceló en disciplinas físicas y técnicas, sino que mostró una madurez espiritual inusual. En 1939, a bordo del buque Ocean en Mar del Plata, un libro del cardenal Emmanuel Suhard sobre el rol del cristiano en el mundo moderno provocó en él una “conversión definitiva”.

Inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, Enrique Shaw comprendió que su misión era santificar el trabajo secular, no aislarse en la vida religiosa. “El laico debe ser fermento en la masa del mundo”, anotó en su diario personal.

La Segunda Guerra Mundial interrumpió su carrera naval, pero Enrique Shaw sirvió con honor en la Armada Argentina, alcanzando el grado de teniente de fragata en reserva.

El horror de la guerra lo confrontó con dilemas éticos, reforzando su pacifismo cristiano y su aversión a la violencia.

Enrique Shaw: Matrimonio y Vida Familiar

En 1943, a los 22 años, Enrique Shaw contrajo matrimonio con Cecilia Ana María Luisa Bunge Fourvell-Rigolleau, una joven de familia acomodada y fe inquebrantable.

La boda oficiada en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, fue un pacto de amor y misión compartida.

Juntos, tuvieron nueve hijos: Jorge, Sara, Cecilia, Elsa, Juan, José María, Luisa, Isabel y Gabriel. Enrique Shaw era un padre ejemplar, presente en cada hito familiar.

En sus libretas personales, registraba con ternura las sonrisas de sus hijos, sus primeras palabras y lecciones sobre caridad. “La familia es la cuna de la santidad doméstica”, solía citar, inspirado en San Juan Crisóstomo.

Su hogar en el barrio de Belgrano, se convirtió en un verdadero “cenáculo” laical: las comidas eran momentos de oración y evangelización, y el Rosario familiar era innegociable.

Como Siervo de Dios, Enrique Shaw modeló una paternidad que equilibraba el trabajo intenso con la ternura cotidiana, demostrando que la santidad es posible en el bullicio de la vida conyugal y parental.

Enrique Shaw: Carrera Empresarial y Apostolado Laical

En 1945, Enrique Shaw fue enviado por la Marina a la Universidad Estatal de Illinois para estudiar meteorología.

Allí, un sacerdote lo orientó hacia su verdadera vocación: llevar el Evangelio al mundo de los negocios.

Renunció a la carrera militar en 1946, priorizando su familia y su fe. Ingresó como ejecutivo en Cristalerías Rigolleau, empresa familiar de su esposa, y ascendió a director general.

Aquí, Enrique Shaw revolucionó el empresariado argentino con principios cristianos y la búsqueda del bien común.

Vestido con overol para igualarse a los obreros, implementó reformas humanas: instaló fuentes de agua en las plantas calurosas, evitó despidos en crisis y visitaba los hogares de sus empleados para orar por ellos. “La empresa es una comunidad de personas, no una fábrica de ganancias”, proclamaba.

Su visión alineaba eficiencia económica con justicia social, influida por la encíclica Rerum Novarum de León XIII.

En 1952, Enrique Shaw fundó la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), de la cual fue primer presidente. Inspirado en la UNIAPAC, extendió el movimiento a América Latina, formando a miles en ética empresarial.

Sus libros —La Misión de los Dirigentes de Empresas (1958), Eucaristía y Vida Empresaria (1959) y Y Dominad la Tierra (1962)— son tratados seminales sobre santificación del trabajo.

Como Siervo de Dios, Enrique Shaw promovió cuatro pilares: eficiencia para el bien común, santidad en el labor, participación obrera y fraternidad laboral.Aunque no militó en política, colaboró en la Democracia Cristiana argentina, abogando por un Estado al servicio de la dignidad humana.

Pruebas y Legado Espiritual

La vida de Enrique Shaw no evitó el sufrimiento. En 1954, durante el conflicto entre Perón y la Iglesia, fue arrestado injustamente el 7 de mayo, acusado de conspiración.

Pasó diez días en una comisaría, torturado físicamente y moralmente, pero su fe lo sostuvo.

Liberado, declaró: “El dolor purifica el amor como el fuego al oro”.En 1957, un cáncer de páncreas lo aquejó.

A pesar de su enfermedad, mantuvo su apostolado: fundó Cáritas Argentina en 1958 y participó en la creación de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Sus obreros donaron sangre para sus transfusiones, simbolizando la unión entre patrón y empleado.

Falleció el 27 de agosto de 1962, a los 41 años, rodeado de su familia. Su funeral en la Basílica del Pilar atrajo a miles, y su tumba se convirtió en sitio de peregrinación.

La Causa de Canonización

Como Venerable Siervo de Dios —declarado por el Papa Francisco el 24 de abril de 2021, al reconocer sus virtudes heroicas—, la causa de Enrique Shaw avanza velozmente.

Iniciada en 1967 por el padre Francisco Rotger y reabierta en 1996, la fase diocesana concluyó en 2013 en la UCA.

En 2015, el Vaticano validó los documentos. Hacia 2025, la Comisión Teológica aprobó el milagro el 17 de junio, tras la instancia médica en enero.

Enrique Shaw sería el primer santo empresario, un modelo para laicos en un mundo globalizado.

Sus hijos testimonian su humanidad: Sara dice: “Papá era Dios en lo cotidiano”.

Cecilia, su viuda, defendió la causa hasta 2012. En el centenario de su nacimiento (2021), eventos en la ACDE y UCA revivieron su mensaje.

Hoy, como Siervo de Dios Enrique Shaw, nos interpela: santificar el trabajo es dominar la tierra con caridad, no con codicia.

Su legado perdura en publicaciones póstumas y en miles de dirigentes formados, recordándonos que la santidad laical transforma sociedades.